Chaparrí: Naturaleza protegida

Llegamos a la ciudad de Chiclayo temprano por la mañana con varias actividades por realizar, pero lo que realmente esperábamos era llegar a Chaparrí, un área de conservación privada de 34, 412 hectáreas que pertenece y es administrada por una comunidad campesina y está ubicada en los bosques secos del norte del Perú. La Reserva debe su nombre a una espectacular montaña que domina el paisaje y que es fuente de muchas leyendas de la zona.
Chaparrí es un modelo de conservación comunal y un proyecto de ecoturismo que beneficia a la población local. Adicionalmente Chaparrí es un centro de investigación científica dedicado a los ecosistemas del bosque seco y a las especies que lo habitan.

En el primer punto de ingreso a la reserva conoceríamos a Juan, el guía que nos acompañaría durante toda nuestra estadía un verdadero amante de la naturaleza, las aves, la fotógrafia y fiel protector de la reserva.
Luego de recorrer 30 minutos aproximadamente dentro de la reserva llegamos a Chaparri eco-lodge, un cómodo albergue construido con materiales de la zona, y diseñado en perfecta armonía con el entorno. El albergue es el refugio perfecto desde donde partiríamos a descubrir  algunas de las 245 especies de aves entre colibríes, urracas, pavas aliblancas y muchas otras. Otros animales habitan dentro de la reserva y no resultó dificil convivir durante tres días con zorros que acompañaban nuestras comidas educadamente, sajinos y algunos ciervos.

Durante nuestros 3 días de estadía pudimos conocer los diferentes proyectos de conservación que son fomentados por la reserva y con los que los pobladores están muy comprometidos; el primer proyecto fue el de los osos de anteojos, ahí conocimos a cholita y cuto quienes fueron rescatados y llevados a vivir a la reserva; cholita está próxima a liberarse dentro de la reserva.  Además conocimos el proyecto de los cóndores el cual cuenta con dos ejemplares, uno de ellos llegó muy joven pero ahora ya casi en su edad adulta se prepara para ser liberado.

El otro proyecto es el de las pavas aliblancas, aves endémicas de la zona, pero que antes de la creación de esta reserva era cazada y fue casi erradicada de la zona, ahora estas aven pueden ser vistas sin mayor dificultad.
En la zona del comedor, y desde muy temprano por la mañana se pueden observar aves y demás animales que llegan a alimentarse en los comederos y bebederos instalados allí deliberadamente para que los huéspedes los puedan ver y fotografiar; en este mismo lugar, por las noches se puede disfrutar de un café y observar las estrellas y la luna a plenitud.
En la reserva se cuenta con limitada señal de celular e internet casi nula, se pueden recargar baterías de celulares o cámaras sólo durante ciertas horas pues se utiliza un generador. Las habitaciones son bastante cómodas, y por el clima de la zona son templadas, siempre hay agua caliente para bañarse.  Uno de nuestros mayores miedos era la comida, ¿Qué comeríamos si estábamos en el medio de una reserva? Sin embargo nos llevamos muy gratas sorpresas, nuestra cocinera fue la Srta. Elisabeth y no hubo día en que no nos preparara deliciosas carnes, ensaladas y ¡hasta postres! Pudimos probar también hongos de la zona que sirven de base para platillos vegetarianos que también preparan.

Chaparri  nos brinda sin duda una experiencia no sólo para desconectarte del mundo, pero sobre todo para encontrarse con la naturaleza y uno mismo.

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