Postales del Sur:
una travesía en tren por el altiplano
Juntos, no solo descubriremos los encantos de Perú, sino que también conoceremos al grupo de especialistas que encabeza nuestro equipo comercial. Una familia infinitamente curiosa que se complementa, con conocimientos y vivencias, para lograr que cada viaje sea memorable para nuestros clientes.
En esta primera edición, Palmira, líder de nuestra división de Norteamérica y Asia, nos conduce al altiplano peruano en una aventura llena de experiencias únicas, fieles al concepto de lujo –más allá de la sofisticación–, como una conexión profunda entre viajero y destino.
Con mucho cariño y emoción, los invitamos a explorar Perú con COLTUR.
El punto de partida de esta aventura es Cusco, capital del Imperio inca. A bordo del Andean Explorer, A Belmond Train, me embarco en la travesía Spirit of the Water hacia el impresionante altiplano peruano.
Un cóctel de bienvenida inaugura mi viaje por una de las rutas de tren más altas del mundo. Nos reunimos en el bar, para una primera copa de champagne y bocaditos. Durante el tiempo libre, es posible seguir disfrutando del bar, de una buena sesión de masajes o tan solo contemplar los Andes peruanos desde el coche observatorio, ya que el trayecto continúa entre nevados de más de 5 mil metros de altura y pequeñas aldeas de pastores.
La gastronomía peruana es reconocida, cada vez más, a nivel mundial y este viaje en tren no es la excepción, especialmente al llevar el inconfundible sello de calidad de Belmond. Tanto el almuerzo como la cena –a la luz de las velas– son uno de los highlights del viaje: ver la gran diversidad cultural y natural representada en cada plato, que además parecen auténticas obras de arte, es fascinante.
Las cabinas se asemejan a las habitaciones de los hoteles de lujo, donde cada detalle ha sido cuidadosamente atendido. Es mejor dormir temprano, con la expectativa de que mañana me espera un espectáculo imperdible.
Luego de desayunar en el tren y alistar maletas, dejo la estación y parto hacia el hotel Titilaka. Verdes colinas, pequeñas casas, parcelas de maíz y papas que dibujan las laderas como patchwork, rebaños de alpacas, y el lago azul intenso, siempre.
Titilaka –de la colección Relais & Châteaux– se ubica en una remota península privada con acceso directo e increíbles vistas al lago. La decoración contemporánea y comodidad excepcional, la cocina exquisita, y las sonrisas y amabilidad de quienes me reciben, confirman que mi estadía será una experiencia única y especial.
Elegir las actividades que realizaré en los próximos días no es tarea fácil, cada una de ellas recoge la esencia y diversidad de este lugar. Desde paseos en bote, birdwatching y kayaking, hasta visitar la Ruta Aymara o las iglesias de Juli y Pomata. ¡Hay opciones para todos! Luego de una cuidadosa selección de experiencias, que deseo compartir con ustedes, llega el momento de descansar y recargar energías.
A la mañana siguiente, una embarcación me espera con bebidas calientes a bordo, mantas para el frío y snacks. La primera parada es en una de las islas flotantes de los Uros, construida a mano con juncos de totora, escenario único en el mundo donde uno es bienvenido como amigo. Mi anfitrión comparte conmigo detalles de cómo es la vida en la isla y de dónde proviene su pueblo. La tecnología los ha conquistado y hoy cuentan con paneles solares, por lo que ya no es raro verlos usar celulares y televisores.
Embarcamos otra vez para navegar, durante una hora más, hacia la isla de Taquile. El Titicaca tiene una energía mágica y es durante este trayecto que, por un momento, conectas con su inmensidad y entiendes que –como narra la leyenda– este es el lugar donde nació uno de los imperios más importantes de nuestra historia.
El almuerzo tiene lugar en una encantadora casa con vista al lago y, al llegar, soy bienvenida por los miembros de la familia, vestidos a la usanza tradicional. Tener la oportunidad de conversar con ellos y conocer sus costumbres y tradiciones es una experiencia verdaderamente enriquecedora.
Taquile es, además, un espacio natural único. Aquí podemos caminar entre espacios ceremoniales o terrazas de cultivo, evidencias de una civilización asombrosa. Las playas que bordean la isla, con sus aguas turquesas, albergan una gran variedad de aves y peces que no se encuentran en otras partes del país.
Mi viaje llega a su fin. Hoy, rumbo al aeropuerto, visitaré el sitio arqueológico de Sillustani. La energía sagrada, sus impresionantes chullpas funerarias y el gran lago Umayo, despiertan en mí un profundo sentido de conexión con la esencia del antiguo Perú, el cierre perfecto para un viaje a uno de los destinos más maravillosos de nuestro querido país.
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