Memorias en Cusco:
una aventura en familia
Pocas experiencias tienen el poder de transformar, inspirar y fortalecer vínculos como la convivencia con nuestros seres queridos durante una aventura. Y es que es, de hecho, la oportunidad perfecta para aprovechar al máximo la sabiduría de una generación que nos ha legado tanto, aprender de las futuras y valorar nuestras propias vivencias.
Los invito a leer la crónica de mi propio viaje en familia y descubrir los encantos de la antigua capital del imperio Inca, un lugar que no sólo nos conectará con una rica herencia milenaria, sino que también nos ayudará a reencontrarnos con la nuestra.
Desde el momento en que aterrizamos en Cusco, supimos que estábamos en el lugar perfecto. Nos dirigimos directo al Valle Sagrado de los Incas, donde nos esperan encantadores pueblos y experiencias únicas por descubrir. Un consejo para aquellos que viajan en familia: es mejor comenzar aquí, puesto que la altitud es menor (600 m más abajo que la ciudad de Cusco), y es posible aclimatarse suavemente.
En ruta, paramos en el pueblo de Pisac. Tuvimos la suerte de coincidir con la misa celebrada en quechua —el idioma ancestral de la región—, y aunque nuestras creencias religiosas pueden variar, participar de esta ceremonia resultó ser una oportunidad para estar plenamente presentes y agradecer por el tiempo compartido en familia. Luego, visitamos la panadería tradicional, un clásico de Pisac, aquí probamos las empanadas de queso andino más deliciosas de Cusco. Luego recorremos la plaza principal junto al mercado artesanal, rico en textiles, platería, música y pintura.
Cerramos este primer día con emoción. Luego de varios meses de planificar este viaje, por fin estamos aquí y, lo más emocionante, aún está por venir.
Hoy empezamos con una exploración en el pueblo de Urubamba, que nos cautiva desde el primer momento con su plaza central y, sobre todo, con su mercado local cuya autenticidad es lo que lo hace realmente especial. Este no es un destino turístico convencional, lo que nos brinda la oportunidad de sumergirnos plenamente en la riqueza natural de la región.
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MARIANA WATSON
Directora Comercial
mariana.watson@colturperu.com
El momento más esperado por las niñas ha llegado: la visita a una granja de cuyes. Vimos cientos de ellos y, si bien son considerados un manjar en todos los pueblos andinos, esta vez toca mirarlos, abrazarlos y alimentarlos. Luego, conocemos una chichería tradicional donde aprenderemos, de la mano de Martha, nuestra anfitriona, el proceso de elaboración de la chicha de jora, una bebida ancestral hecha a base de maíz.
Como última parada del día, nos dirigimos a Ensifera Camp, el santuario de colibríes. Aquí, dependiendo de la temporada, es posible avistar hasta 14 diferentes especies, incluyendo el colibrí gigante de los Andes. Mi madre y mi hermana quedan asombradas al saber que Perú es un importantísimo destino para el birdwatching, una razón más para sentirnos orgullosas de nuestro maravilloso país.
Luego de un descanso reparador, la mañana nos da la bienvenida con un radiante sol y un cielo despejado. Estamos listas para explorar los tesoros imperdibles del Valle Sagrado.
Después, partimos rumbo a Ollantaytambo y, en ruta, hacemos una breve parada en Pachar. Este lugar, que vale la pena visitar, se ha convertido en un pueblo de coloridos murales que narran historias y tradiciones de la región. Gracias al proyecto Arcoíris —iniciativa conjunta entre Qroma y Turismo Cuida, asociación de la cual COLTUR es miembro fundador— se ha logrado recuperar información invaluable que estos murales inspiran.
Por su ubicación estratégica, la fortaleza de Ollantaytambo fue crucial en aspectos religiosos, agrícolas y militares. Entre sus impresionantes andenes y paredes de piedra se libró una feroz batalla durante la conquista. Mientras mi mamá y mi hermana exploran los muros en la parte baja, las niñas y yo subimos a la cima para disfrutar de una vista espectacular del valle.
Regresamos al hotel emocionadas: mañana visitaremos Machu Picchu.
Ya en el pueblo de Machu Picchu tomamos el bus que nos llevará hasta la ciudadela. Finalmente, aquí estamos, tres generaciones, frente a esta maravilla del mundo que se alza sobre un paisaje de asombrosa diversidad. Es siempre emocionante recorrer sus templos, palacios, terrazas y callecitas, todos ellos testigos silenciosos de la gran sabiduría de la civilización Inca. Es realmente emocionante estar juntas aquí.
Luego de varias horas de exploración, regresamos al pueblo para almorzar y emprender nuestro camino de retorno hasta el Valle Sagrado.
Al llegar a Cusco, caminamos hacia la zona de San Blas, el barrio artístico y bohemio, para recorrer sus calles y tiendas.
Por la noche, nos dirigimos a la parte alta de la ciudad, donde se encuentra el Planetarium Cusco. Somos recibidas por Ana María, una maestra experta en los mitos y leyendas que rodean el cielo cusqueño. Con ella, nos sumergimos en una fascinante y entretenida explicación proyectada en un gran domo para, finalmente, observar los astros a través de tres impresionantes telescopios.
Mi madre y hermana se involucran con entusiasmo, respondiendo preguntas y compartiendo sus propias historias, pero son las niñas quienes demuestran un conocimiento sorprendente. Fue un maravilloso momento de conexión intergeneracional, donde cada una de nosotras compartió su sabiduría y curiosidad bajo el manto estrellado de la ciudad.
Llega el turno de la actividad sorpresa del día: el criadero de camélidos sudamericanos, que alberga cientos de llamas, alpacas, guanacos y vicuñas. Pasamos un momento hermoso alimentándolos y buscando el “llama selfie” perfecto. Este es, sin duda, el lugar dónde más reímos durante todo el viaje.
Luego de un reparador almuerzo, nos embarcamos en una exploración por el centro histórico de Cusco. Recorremos la Plaza de Armas y visitamos la Catedral y el fascinante Koricancha. Se dice que este último tuvo los muros cubiertos de oro y que brillaban bajo el sol, reforzando la conexión espiritual con este astro.
En un abrir y cerrar de ojos, llega nuestro último día, y todas tenemos vuelos distintos de retorno a casa. Compartimos un último gran desayuno juntas, repasando los momentos memorables de este viaje y ¡comenzando a planificar el próximo!
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