Ausangate:
la Ruta del Apu Tutelar del Cusco
Bienvenidos a una nueva edición de Explora Perú, donde nos sumergiremos en uno de los tesoros ocultos de nuestro país a través de la perspectiva de Andrea Duran, líder de nuestra división Bespoke Journeys para Latinoamérica y gran apasionada de las caminatas.
Perú es célebre por su senderismo y, más allá del emblemático Camino Inca a Machu Picchu, podemos hacer trekking durante horas o días por montañas sagradas que nos regalan silencio y paz, hogar de gente sabia y de llamas, alpacas, vicuñas y cóndores.
En el corazón de Cusco, Andrea nos guía a través de la ruta del apu tutelar: el imponente Ausangate. Una experiencia transformadora para quien se aventura a recorrer el camino.
Acompáñanos a descubrir el encanto de esta joya del senderismo en Perú.
Llega el día tan esperado. Salgo de mi hotel con dirección al sur. Una de las primeras paradas es la preciosa iglesia Checacupe, construida en el siglo XVII sobre un palacio inca, que atesora lienzos de la escuela cusqueña. Desde aquí se puede ascender al valle de Pitumarca, reconocido por la destreza de sus tejedoras y por ser una de las rutas de acceso al apu —montaña sagrada— tutelar del Cusco.
En la cadena montañosa del Ausangate la nieve es perpetua. En sus faldas viven pastores de llamas, quienes caminan con paso firme mientras guían a sus rebaños con admirable destreza. Sus llamas se convierten en las portadoras de mi equipaje, y en cada paso que dan, parecen llevar consigo historias ancestrales.
Una trocha nos conduce a una carpa donde almorzaremos antes de comenzar. Luego de unas horas caminando, llegamos por fin al albergue Chillca Tambo, a 4,350 m s. n. m. Después de un reponedor descanso, contemplo el atardecer con una taza de café al lado de la chimenea.
Ver mapa completo
ANDREA DURAN
Gerente de Latinoamérica
andrea.duran@colturperu.com
Esta noche pernocto en el albergue Machuracay Tambo, a 4,850 m s. n. m., ubicado a pie del imponente Ausangate.
El tercer día de caminata va llegando a su fin. Desde el albergue Anantapata Tambo, los imponentes nevados se alzan tan cercanos. Esta noche dormiré a 4,730 metros sobre el nivel del mar.
Cuentan los guías que estos albergues hechos con piedras y madera se construyeron durante casi seis años; todo lo requerido para construirlos fue llevado en llamas, en caballos e incluso a cuestas. Ahora las llamas llevan menos carga, sólo mochilas, y sus cuidadores han logrado asegurar la sostenibilidad de sus comunidades gracias a la actividad turística generada por esta ruta.
Llegamos al Paso de Warmisaya, a 4,985 m s. n. m., para ver el amanecer. Desde este punto, comenzamos a descender hasta llegar a una laguna donde nos espera un desayuno picnic. Tras una breve caminata impregnada de misticismo, propio de lugares sagrados como este, me encuentro frente a Vinicunca. Sus laderas acogen depósitos minerales que la tiñen de tonos turquesa, rojo, amarillo y verde, creando un asombroso arcoíris. Luego, continuamos el camino hacia el Valle Rojo, llamado así por la coloración carmesí originada por la presencia de óxido de hierro en sus rocas.
Esta noche pernoctaré en el albergue Huampococha Tambo, a 4,820 m s. n. m.
La caminata comienza temprano. En este último recorrido puedo apreciar una gran familia de vicuñas en estado silvestre, mientras camino voy dejando atrás a los imponentes nevados que me acompañaron, como guardianes, durante el viaje.
Descubre las maravillas que tiene Perú para tus viajeros.
Ver itinerario sugerido.